Tal vez mi blog no sea como "La habitación de Henry Spencer", pero sabe defenderse con lo poco que hay. Espero que pronto más gente conozca este blog y, cómo usted señor lector al cual estoy muy agradecido, me acompañe a través de estas ideas y de aquellos delirios que estoy seguro que a todos y cada uno se le pueden ocurrir alguna vez...
Advertencia: El siguiente es un FRAGMENTO del cuento "Rosa Blanca", presentado por mi persona para el concurso "Vicio Absurdo", por respeto a los derechos de autor, espero que nadie se robe mi historia. Si le interesa conocer el resto de mi historia le recomiendo comprarse el nuevo tomo de "Vicio Absurdo" (revista de la Universidad de Lima) que , según me han dicho, estará a mediados de octubre.
Rosa Blanca
Era un día frío, entré al café y pedí un espresso. Mientras esperaba compré un New York Times y ahí leí:
“La tierra de los sueños olvidados
La gente se mata entre ellos por un pedazo de pan y el Gobierno está más preocupado por construir rascacielos en vez de usar ese dinero para el moribundo pueblo. No sorprende que criminales como el de la “rosa blanca” hayan aparecido últimamente. La última víctima se la encontró flotando en las extensas y oscuras aguas del río Hudson. ¡Qué Dios y los santos compadezcan el alma de esta pobre víctima! Y que ese infeliz asesino sea enjuiciado raudamente.
¿Hasta cuándo seguiremos matándonos entre nosotros como meras bestias bajo el cielo azul marino? Esta epidemia del crack nos corrompe lentamente el alma a todos. ¡Presidente Nixon ayude a nuestro pueblo en estos momentos difíciles! USA lo apoyará en cualquier medida radical que usted tome con tal de desprendernos de la miseria, el hambre y la violencia, la gente está dispuesta a hacerlo todo”.
No entendía como era que este artículo, que podría llevar a la población a su autodestrucción, había sido publicado. Procedí a tomar el café caliente antes de ir a la estación de policía, tenía que prepararme para el sermón que me iba a mandar el jefe debido a la lentitud en que avanza este caso…
Mi nombre es John River nací en Manhattan hace ya 30 años. Tuve estudios completos, siendo uno de los más aplicados en la escuela y universidad. Pude haber ejercido un papel crucial en la política, pero mi ideal no era lavarle el cerebro a la ciudadanía ni llenarles la cabeza con amenazas falsas. Mi objetivo era convertirme en el más grande policía de todo New York, para lograr esto pasé varios meses en la academia de policías, obteniendo un desempeño eminente, graduándome primero en mi promoción.
Me consideraban aquel quien siempre resolvía todos los casos con completa eficacia; sin embargo, esto cambió cuando surgieron una serie de asesinatos de diversas personas influyentes. Al investigar el caso no hallaba pista o rastro alguno: el criminal era un fantasma sediento de sangre, el cual ni siquiera el policía más aplicado podía alcanzar. Este hecho me molestó y alteró terriblemente, no me gusta perder y estoy decidido a llevar a la horca a quien sea el culpable de tales atrocidades.
Tomo el metro para llegar raudamente a mi oficina, aún me costaba trabajo acostumbrarme a tener a cargo un caso de tal magnitud como el del “asesino de la rosa blanca”, el cual no había podido resolver en los tres años que he estado trabajando en él. Me daba vergüenza sólo haber descubierto un patrón común en todas las víctimas: una rosa blanca tendida encima de la víctima.
Bajé del transporte, trepé por las escaleras mientras oía que el metro de la séptima avenida de Broadway avanza raudamente a través de la avenida Lenox, hacia la calle Chambers. Alcé la mirada una vez salido del túnel y observé que el vasto cielo azul marino era usurpado por los gigantes amorfos blancos y por las indecorosas palomas de la paz, quienes flotaban en el aire cargado con el leve sabor de humedad y contaminación típicas de las grandes metrópolis estadounidenses. Caminé un par de cuadras y por fin llegué al edificio buscado, una vez ahí me avisaron que el jefe Truman estaba echando fuego por la boca y que tuviera cuidado con lo que iba a decirle al llegar a su despacho.
¿Puedo pasar? — pregunté con un ligero desazón de nerviosismo atracado en mi garganta.
¿Tú que crees muchacho? ¡Anda, pasa rápido!
Entré torpemente y por poco tropecé con el tapizado rojo del piso, a lo que el jefe contestó con una leve risotada.
¡Mierda River si caminas como resuelves el caso no me imagino cuando lo resolverás! — me gritó una vez que terminó su leve acto de burla.
Lo siento señor, yo hago todo lo que puedo para…
¿Todo lo que puedes? ¿Quién demonios te crees que eres River? ¡No eres ninguna miss mundo como para andar diciendo cosas cómo que harás todo lo posible para lograr la paz mundial! ¡Eres un puto policía River, actúa como tal y reacomódate las bolas!
…lo haré… señor, me dijeron que habían hallado una pista nueva…
¿Pista nueva? ¡River si usted no fuera tan joven e ingenuo lo tomaría por retrasado mental! Lo que ha llegado es una escoria del bajo mundo a quien lo están interrogando en estos momentos, lo único que hemos podido sacarle es que nadie de por ahí sabe quien es en verdad el “asesino de la rosa blanca”, pero lo que se conoce es que él viene de esos lugares y que por lo visto es una clase de mercenario.
¿Eso quiere decir que alguien se está beneficiando de los asesinatos?
Posiblemente sea más de una persona River…No tenemos la relación de posibles sospechosos, pero te puedo asegurar que hay uno o dos peces gordos detrás de todo esto…
Esa afirmación me abrumó bastante, hasta entonces todos pensábamos que el criminal era un psicópata o algo por el estilo, pero por lo visto hacía ese oficio, si es que se le puede llamar así, para llevarse un pan a la boca ¿Qué tal si tiene una familia a la que mantener y por falta de recursos no le quedó otra opción que adquirir tan fatídica profesión? Aún cuando fuese así, eso no quitaba el hecho de que era un peligro para los ciudadanos. ¡Tenía que detenerlo a cualquier costo sin importar si tiene o no una familia a la cual mantener!
Era un día frío, entré al café y pedí un espresso. Mientras esperaba compré un New York Times y ahí leí:
“La tierra de los sueños olvidados
La gente se mata entre ellos por un pedazo de pan y el Gobierno está más preocupado por construir rascacielos en vez de usar ese dinero para el moribundo pueblo. No sorprende que criminales como el de la “rosa blanca” hayan aparecido últimamente. La última víctima se la encontró flotando en las extensas y oscuras aguas del río Hudson. ¡Qué Dios y los santos compadezcan el alma de esta pobre víctima! Y que ese infeliz asesino sea enjuiciado raudamente.
¿Hasta cuándo seguiremos matándonos entre nosotros como meras bestias bajo el cielo azul marino? Esta epidemia del crack nos corrompe lentamente el alma a todos. ¡Presidente Nixon ayude a nuestro pueblo en estos momentos difíciles! USA lo apoyará en cualquier medida radical que usted tome con tal de desprendernos de la miseria, el hambre y la violencia, la gente está dispuesta a hacerlo todo”.
No entendía como era que este artículo, que podría llevar a la población a su autodestrucción, había sido publicado. Procedí a tomar el café caliente antes de ir a la estación de policía, tenía que prepararme para el sermón que me iba a mandar el jefe debido a la lentitud en que avanza este caso…
Mi nombre es John River nací en Manhattan hace ya 30 años. Tuve estudios completos, siendo uno de los más aplicados en la escuela y universidad. Pude haber ejercido un papel crucial en la política, pero mi ideal no era lavarle el cerebro a la ciudadanía ni llenarles la cabeza con amenazas falsas. Mi objetivo era convertirme en el más grande policía de todo New York, para lograr esto pasé varios meses en la academia de policías, obteniendo un desempeño eminente, graduándome primero en mi promoción.
Me consideraban aquel quien siempre resolvía todos los casos con completa eficacia; sin embargo, esto cambió cuando surgieron una serie de asesinatos de diversas personas influyentes. Al investigar el caso no hallaba pista o rastro alguno: el criminal era un fantasma sediento de sangre, el cual ni siquiera el policía más aplicado podía alcanzar. Este hecho me molestó y alteró terriblemente, no me gusta perder y estoy decidido a llevar a la horca a quien sea el culpable de tales atrocidades.
Tomo el metro para llegar raudamente a mi oficina, aún me costaba trabajo acostumbrarme a tener a cargo un caso de tal magnitud como el del “asesino de la rosa blanca”, el cual no había podido resolver en los tres años que he estado trabajando en él. Me daba vergüenza sólo haber descubierto un patrón común en todas las víctimas: una rosa blanca tendida encima de la víctima.
Bajé del transporte, trepé por las escaleras mientras oía que el metro de la séptima avenida de Broadway avanza raudamente a través de la avenida Lenox, hacia la calle Chambers. Alcé la mirada una vez salido del túnel y observé que el vasto cielo azul marino era usurpado por los gigantes amorfos blancos y por las indecorosas palomas de la paz, quienes flotaban en el aire cargado con el leve sabor de humedad y contaminación típicas de las grandes metrópolis estadounidenses. Caminé un par de cuadras y por fin llegué al edificio buscado, una vez ahí me avisaron que el jefe Truman estaba echando fuego por la boca y que tuviera cuidado con lo que iba a decirle al llegar a su despacho.
¿Puedo pasar? — pregunté con un ligero desazón de nerviosismo atracado en mi garganta.
¿Tú que crees muchacho? ¡Anda, pasa rápido!
Entré torpemente y por poco tropecé con el tapizado rojo del piso, a lo que el jefe contestó con una leve risotada.
¡Mierda River si caminas como resuelves el caso no me imagino cuando lo resolverás! — me gritó una vez que terminó su leve acto de burla.
Lo siento señor, yo hago todo lo que puedo para…
¿Todo lo que puedes? ¿Quién demonios te crees que eres River? ¡No eres ninguna miss mundo como para andar diciendo cosas cómo que harás todo lo posible para lograr la paz mundial! ¡Eres un puto policía River, actúa como tal y reacomódate las bolas!
…lo haré… señor, me dijeron que habían hallado una pista nueva…
¿Pista nueva? ¡River si usted no fuera tan joven e ingenuo lo tomaría por retrasado mental! Lo que ha llegado es una escoria del bajo mundo a quien lo están interrogando en estos momentos, lo único que hemos podido sacarle es que nadie de por ahí sabe quien es en verdad el “asesino de la rosa blanca”, pero lo que se conoce es que él viene de esos lugares y que por lo visto es una clase de mercenario.
¿Eso quiere decir que alguien se está beneficiando de los asesinatos?
Posiblemente sea más de una persona River…No tenemos la relación de posibles sospechosos, pero te puedo asegurar que hay uno o dos peces gordos detrás de todo esto…
Esa afirmación me abrumó bastante, hasta entonces todos pensábamos que el criminal era un psicópata o algo por el estilo, pero por lo visto hacía ese oficio, si es que se le puede llamar así, para llevarse un pan a la boca ¿Qué tal si tiene una familia a la que mantener y por falta de recursos no le quedó otra opción que adquirir tan fatídica profesión? Aún cuando fuese así, eso no quitaba el hecho de que era un peligro para los ciudadanos. ¡Tenía que detenerlo a cualquier costo sin importar si tiene o no una familia a la cual mantener!
CONTINUA EN LA REVISTA "VICIO ABSURDO" (Universidad de Lima) con la carátura de Julio Ramón Riveyro.